Competencias Lingüísticas y su Desarrollo a Través de la Lectura

Las competencias lingüísticas es necesaria puesto que posibilitan el desarrollo de destrezas a partir del dominio de su comprensión y expresión, que implique aspectos claves en la realización de eficacia en la aplicación de estrategia didáctica con la relevancia de propiciar un gran avance en su inteligencia y capacidad de desenvolverse por lo que se vuelve una tarea imprescindible para interactuar mejor en diferentes ámbitos.
La importancia de la competencia lingüística radica en que implica el manejo de un conjunto de saberes que permiten que una persona produzca oraciones gramaticales e, incluso, comprenda oraciones agramaticales durante el proceso de comunicación. De esta manera, agregan que el individuo que posee esta competencia es capaz de construir, reconstruir y comprender enunciados gramaticales, así cómo interpretar oraciones ambiguas y emitir oraciones nuevas (Fleitas-Guirland, 2020).
A su vez, esta competencia conlleva a que el individuo reconozca elementos lingüísticos tales como: estructuras morfológicas, léxicas, sintácticas y fonológicas; además, se comunica haciendo uso de dichos conocimientos, así, utiliza apropiadamente las reglas del lenguaje para formar y modificar palabras, frases y oraciones (Noviyenty, 2022).
En primera instancia, los niños adquieren la competencia verbal en un par de años, pero para llegar a la competencia lingüística se requiere de un mayor periodo (cinco a siete años) dada la complejidad que ella implica (Rego, 2017), pues en el nivel de cinco años el estudiante está en un momento crítico para desarrollar las capacidades tanto representativas como conceptuales (Mérida-Serrano, 2018), esto es comprensible porque la competencia lingüística encierra por lo menos cinco dimensiones a saber : Fonológico, morfológico, sintáctico, semántico y pragmático, cada una con sus características y particularidades especiales.
Contribución de la lectura para fortalecer las competencias lingüísticas
1. Comprensión lectora: Interpretar y reflexionar sobre lo leído
La lectura habitual permite a los estudiantes reconocer la idea principal, comprender el significado implícito de los textos y establecer conexiones con su vida o conocimientos previos. Esto fortalece su pensamiento crítico y su capacidad de análisis.
Ejemplo práctico: Un estudiante que lee artículos informativos sobre el cambio climático puede identificar las causas principales del problema, inferir las posibles consecuencias futuras y relacionarlo con acciones que puede aplicar en su entorno, como reducir el uso de plásticos.
2. Producción escrita: Redactar textos coherentes
La exposición frecuente a textos bien organizados ofrece a los estudiantes ejemplos de escritura que pueden seguir. Esto contribuye a que estructuren sus pensamientos de forma lógica, seleccionen un léxico apropiado y usen las normas gramaticales correctamente.
Ejemplo práctico: Una estudiante que suele leer novelas y ensayos puede escribir un ensayo argumentativo de manera más coherente, empleando conectores pertinentes y un vocabulario adecuado, además de aplicar de manera correcta las normas gramaticales.
3. Expresión oral: Ampliar el vocabulario y mejorar la capacidad de hablar
La lectura en voz alta y el diálogo sobre los textos leídos potencian la fluidez en el habla, la correcta pronunciación y la habilidad para expresar pensamientos de forma clara y organizada. También, al descubrir términos y expresiones nuevas, los estudiantes amplían su léxico y optimizan su capacidad para comunicarse de manera efectiva.
Ejemplo práctico: Un niño que asiste a actividades de lectura en voz alta gana más confianza al hablar ante un público, perfecciona su pronunciación y adquiere vocabulario nuevo que posteriormente aplica en su vida cotidiana.
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